viernes 20 de noviembre de 2009

EDICIONES AVENTIS EN EL PEN 2009 CON SUS PRIMEROS DOS LIBROS


PEN Club de Puerto Rico

Jueves 3 de diciembre – Ceremonia de Premiación
a los Mejores Libros publicados en el 2008

COMUNICADO DE PRENSAPEN CLUB DE PUERTO RICO ANUNCIA EL FALLO DE SU CERTAMEN LITERARIO Y LA CEREMONIA DE PREMIACIONJUEVES 3 DE DICIEMBRE

San Juan, Puerto Rico, 19 de noviembre de 2009, El PEN Club de Puerto Rico y su Junta presidida por la poeta Mairym Cruz- Bernal tiene el honor de anunciar el fallo de su Certamen Literario Anual, en esta ocasión para las Mejores Publicaciones Puertorriqueñas del 2008. La Junta del PEN-Puerto Rico, tanto como sus vocales, se abstuvo de enviar sus libros a este certamen, tampoco participaron como miembros del jurado, para conservar la imagen prestigiosa de la organización.Se consideraron las categorías de Novela, Cuento, Ensayo, Poesía, Teatro, Memorias, Literatura Infantil, Literatura Juvenil, entre más de 150 libros recibidos. Unos veinte libros fueron premiados por su calidad literaria, creatividad, originalidad, todas ya marcan un lugar de excelencia en la historia de la literatura puertorriqueña-universal.La Ceremonia de entrega de premios literarios se celebrará el JUEVES, 3 de diciembre, 6:30 PM Sala de las Artes B, Universidad del Sagrado Corazón en Santurce, Puerto Rico.

Los autores premiados en las diversas categorías son:

1. Ana Carmen Rodríguez Colón
2. Myrna Herrera Mora
3. Ramón Felipe Medina
4. María Suárez Toro
5. María Luisa Lugo Acevedo
6. Hiram A. Sánchez Martínez
7. María de los Ángeles Castro Arroyo
8. Ángeles Molina Iturrondo
9. Tina Casanova
10. Sofía Irene Cardona
11. Christian Ibarra
12. Daniel Martes
13. Luis López Alvarez
14. Carlos Vázquez
15. Kalman Barsy
16. Madeline Millán
17. Irizelma Robles
18. Ángel Darío Carrero
19. Guillermo Rebollo Gil
20. J.D. Capiello

Durante la actividad de premiación se dará la lectura de los laudos, y estos autores conocerán los premios que les han sido otorgados, además, se darán a conocer los títulos de sus libros. Los miembros de los diversos jurados, todos personas altamente capacitadas y de prestigio intelectual, se develarán en esta ceremonia.

Instamos a toda la comunidad a que asista y respalde este magno evento donde el PEN de Puerto Rico celebra y agasaja las letras puertorriqueñas.

Mairym Cruz-Bernal
Presidenta

Emilio del Carril
Vice-presidente

Elsa Tió
Tesorera

Ana María Fuster
Secretaria

jueves 12 de noviembre de 2009

BESTIARIO EN NOMENCLATURA BINOMIAL- Las bestias de David Caleb Acevedo

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David Caleb Acevedo con su poemario Bestiario en nomenclatura binomial nos navega en un viaje que rompe con los estatutos del tiempo lineal, para llevarnos a la catarsis de la reflexión sobre el camino recorrido por el hombre a través del tiempo. En sus poemas desarma el poderío individualista engendrado por los estatutos de la razón, para orgánicamente cruzarlo y hacer conciencia de la naturaleza del espíritu y su necesaria función en esta ecuación binomial. Es relevante y es la bitácora que nos navega acertadamente al renacer en la nueva realidad pluralista del ser que se transforma en el siglo XXI. Es un texto visionario que nos trae una nueva propuesta, un nuevo camino en el discurso poético de nuestra literatura. Este bien pensado y orgánicamente estructurado poemario nos lleva la mirada a ese punto final entre el fin y el comienzo de las cosas, para abrirle espacio a la necesidad del vacío como punto de entrada a esta nueva época donde “dos mantras al unísono pueden hacer de 20 dedos una sola mano que escriba nuestra historia y la de este nuevo mundo”.

Moisés Agosto Rosario
Escritor


La voz es esa criatura ajena entre el lenguaje y el cuerpo, y en este libro es siempre una voz que viene de lejos y que viene de lo alto. Por eso, las palabras que intentan descifrarla son palabras de altura, como Supernal o Primeval, indicadores de un espacio superior que nos roza con su presencia. En este libro no es incidental que las palabras más potentes sean ajenas o extranjeras. Cuando se leen en el espacio del poema, sin embargo, dejan de ser meramente anglo sajonas, como es el caso de estas dos, y forman parte del lenguaje del poema, un lenguaje que ya no es tampoco meramente español. De hecho, los nombres con que el poeta bautiza sus criaturas, sacados de la tradición científica de la nomenclatura binomial, que supuestamente le asignaría el philum y la especie de su pertenencia, son casi siempre neologismos tan fascinantes como caprichosos, engendros a su vez tan autónomos como los poemas, como si cada nombre fuese también un micro poema dentro del poema. David Caleb Acevedo le da una nueva dimensión al título tan trillado de escritor bilingüe. No se trata en él de las limitaciones supuestas del poeta latino sin dominio pleno de una lengua materna, sino del poeta para quien la poesía es una lengua materna.

Rubén Ríos Ávila
Crítico y catedrático, UPR
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martes 13 de octubre de 2009

Presentación del libro DELIRIOS DE PASIÓN Y MUERTE de Max Chárriez

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En sus cuentos de Delirios de pasión y muerte, el escritor Max Chárriez nos presenta un conjunto de personajes e historias que coinciden para retar los códigos establecidos por la falsa moral y el silencio en nuestra sociedad. Los narradores nos llevan hasta la frontera de la realidad y la fantasía. Con sus atinadas destrezas en el uso del lenguaje escrito, el autor, permite que veamos la belleza en el modo de sentir o ser testigos de los delirios, la pasión y la muerte que se pueden presentar en situaciones supuestamente inauditas. El límber que provoca justicia, la culpa, el llanto y el dolor a sangre fría de un padre ante el hijo sin cabida en el reino de Cristo y los órganos de un cuerpo que deciden salir de vacaciones “sobrecargados de trabajo, con pocas horas de sueño… e intoxicados de tantas pepas azules”.

Moisés Agosto Rosario
Escritor


Para detalles de la presentación pulse AQUÍ o sobre la imagen.

sábado 10 de octubre de 2009

Comentarios a los CASQUILLOS

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"Lo que he leído de ti, pese a alguna ironía que se me haya escapado a tiempo, siempre me ha parecido interesante. No puedo arriesgar más, porque no te conozco ni como ser-humano ni como poeta. Porque el poeta, el tuyo en este caso, es infinito como el mío. Tal vez no nos entendamos, pero no importa, La única diferencia que veo "hoy" es que cuando yo tenía tu edad, cuando buscaba a "Dios" desesperadamente en mis viajes de LSD, era menos violento que tú, más tímido y más ingenuo".
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"No dude ni por un momento que al citarle su excelente poema hice menos que rendirle homenaje y dejarle saber que me vi, me di por aludido, aun sin saber si ha leído los míos. Hoy visité dos librerías en Río Piedras bajo un aguacero torrencial (apropiadísimo) para comprar Casquillos pues sólo había visto dos o tres poemas que me enseñó un amigo en un almuerzo con otra gente. Leí el libro completo y lo felicito. Que vengan otros. No he encontrado tantos poemas de nadie, tantos asideros comunes a pesar de que le duplico la edad. Me parece extraordinario".
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"Casquillos de J.D. Capiello-Ortiz, alias el Copista Calisténico, ejerció una doble seducción para el severo lector que habitualmente soy. Mi primera lectura, por fuerza superficial, desarmó la seriedad cetácea que generalmente asumo ante el discurso poético. Para mi desconcierto y gozo, aprecié el tono de desparpajo, su decir ocurrente y maleducado (sin pleitesías con nadie ni consigo mismo) y la fluida legibilidad de su discurso. Mi segunda lectura, más detenida y concienzuda, no pudo menos que admirarse de la inteligencia de su estructura y de la coherencia de su propuesta poética. Así gozo y aprecio intelectual se fundieron para trabar una grata y sustantiva experiencia de lectura".
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"Leí Casquillos con suma fruición. Me atrevo a decir, sin temor a equivocarme, que este poemario no es un ejercicio sino una verdadera puesta en escena de una poesía necesaria. Y con esto me refiero a que la palabra que se yergue aquí no es prescindible. Al contrario, leo el poemario como una suerte de “ética poiética,” en tanto que mira hacia una tradición de la vanguardia poética puertorriqueña (y latinoamericana también) y la reescribe. Pero además, se puede visualizar también como una “ética poiética” que entroniza en el presente para lanzar una imagen en la poiesis (y en la poesía) del futuro. Nada de lo que digo aquí es gratuito, pues nace de una lectura acuciosa que entreteje la cartografía de la intertextualidad de los Casquillos. El verbo de Capiello resulta muy audaz y no concede espacio alguno para la complacencia. El poeta ha sabido asumir su oficio sin encomendarse a nada, salvo a la obligación que tiene con la propia poesía. Casquillos es un texto que se sitúa en la mejor producción de la poesía más reciente de Puerto Rico, y es un texto que debería ser ampliamente comentado y discutido, no sólo en los foros culturales, sino por los poetas mismos, como texto poético y como texto teórico de la poesía".
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"Más allá de la pose microdiscursiva -ya fosilizada en el gesto ascéptico del haiku de paso que tanto se ventila hoy-, estos textos apuestan por un minimalismo antipoético que aspira a materializarse como una instancia de autenticidad capaz de contaminar saludablemente anquilosados horizontes de expectativas. Podría decirse al respecto que a la usual aspiración de consumir un texto como obra monumental, estos textos oponen el desparpajo de proponer, desde el fragmento, la textualidad como documento. Cruzados por los géneros del aforismo, la sentencia, el chiste, la selección múltiple o el slogan publicitario, entre muchos otros, los artefactos de Casquillos reducen el espesor de grandes relatos (poéticos, críticos, culturales) a salidas ingeniosas que mueven a nuevas posibilidades de lectura y a formas alternas de concebir la realidad".
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"Son rrrrrrriiiiiiiiiiiiiiicccccoooooossssss"
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viernes 9 de octubre de 2009

Próximas Publicaciones

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Delirios de pasión y muerte de Max Chárriez

Bestiario en nomenclatura binomial de David Caleb Acevedo

domingo 10 de mayo de 2009

¿Omega o un futuro incierto? - De Owen Canting Placa


En las ciencias biológicas vigentes no se acepta el finalismo, y Teilhard fue motivo de acre crítica por parte de uno de los grandes fundadores de la biología molecular, Jacques Monod. Es preciso tener en cuenta que la teoría de Darwin no brindaba una explicación de la herencia, y que su teoría logró mantenerse sólo después que Gregorio Mendel instauró su teoría genética. Hoy la teoría darwiniana y mendeliana se ha profundizado con la emergencia de la biología molecular manteniéndose lo que se denomina la teoría sintética de la evolución. Quizá por esta ausencia de finalismo el fundamentalismo religioso no ha dejado de tener adeptos, pues una naturaleza que no apunta hacia un sentido final y que depende del azar le parece un pensamiento pernicioso. La filosofía, como tiene una tendencia especulativa, en algunos casos no ha dejado de mantener inspiración teleológica. Canting, en este libro, se alinea más con la posición de Teilhard que con la posición de Bergson, aunque admira a ambos.
Debo decir que el trabajo filosófico de Canting es excelente. Lo que nos ofrece en este libro este joven filósofo puertorriqueño es fruto maduro de años de estudio y de la inteligente comprensión de la obra de dos complejos pensadores. El resultado es muy valioso y es un estímulo para los jóvenes estudiantes de filosofía para que mantengan en Puerto Rico viva la fuerza creadora del pensamiento filosófico. Me alegro mucho que pueda dar a conocer el resultado de su investigación y que muchos puedan disfrutar de un estudio bien llevado, razonable, sistemático, preciso y claro en sus formulaciones conceptuales.

Dr. Carlos Rojas Osorio

NUEVOS NARRADORES- Carmen Dolores Hernández

Foto de: Ruben J.M. Ramos © 2008.
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El Nuevo Día
San Juan, Puerto Rico - Domingo, 3 de Mayo de 2009

Por Carmen Dolores Hernández / cdh@caribe.net

Los libros que reseñamos hoy son los primeros de ficción de sus autores y conforman una pequeña muestra de la narrativa más reciente del país. Se trata, en los tres casos, de cuentos muy cortos, lo cual apunta hacia la vuelta a un género que ha sido central en nuestra narrativa. La brevedad llega incluso al extremo del microrrelato en el libro de Christian Ibarra, “La vida a ratos” (Ediciones Aventis, 2008).
[...]
Más que cuentos cortos, los textos de Christian Ibarra son microrrelatos cuidadosamente construidos, cuya significación sigue expandiéndose en la imaginación después de acabada la lectura. Estos cuentos dependen –como la poesía- de la palabra y sus resonancias: es necesario el concurso del lector para completar su sentido cabal. Para muestra baste, como un botón, el minicuento titulado “La huelga de los pájaros”: “Ese día los pájaros estaban en huelga indefinida. Decidieron no volar. Era demasiado el peso de las alas, no hubo uno solo que se atreviera a desafiar el dictamen de sus compañeros. Querían sentir más de cerca la piel humana, lo pedestre, entenderse con la tierra y los semáforos. Visitaron todos los rincones del planeta. A los quince minutos, el cielo se llenó de pájaros nuevamente”.La brevedad no es óbice para un complejo desarrollo interno de los textos, que a menudo cambian sutilmente de plano (de uno material a otro inmaterial como, por ejemplo, en “El maquinista”) o de énfasis (“¡Niños, no salgan a jugar!”) o de perspectiva (“La plaza”) en el espacio de unas pocas líneas. También hay “non sequiturs” o negaciones del sentido que parecían implicar las palabras (“Otra vez”), al igual que las revelaciones finales pueden, en ocasiones, abrir nuevas posibilidades (“Esa mano”, “Vocación”). Un texto algo más extenso que los otros, “Fin de estación”, cuenta eficazmente una historia entrañable de vejez utilizando grandes elipsis. Se trata de textos movedizos a los que es imposible inmovilizar en la expresión de un solo significado. Ricos en su brevedad, bien escritos, son también elegantes.
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viernes 6 de marzo de 2009

LA VIDA A RATOS - Marta Aponte Alsina




En este libro de cuentos hay mágia.

"El té" es eso: una versión pobre y entrañable de la ceremonia ancestral. En "La poeta", se hace elogio de una poeta "menor", cuya virtud "mayor" es no conocer de palabras.

Y éste, que me arriesgo a citar en su totalidad, porque es imposible leerlo sin repetirlo:

"En la plaza una paloma extraña al viejo que la soñaba".

Hay más. El autor se llama Christian Ibarra. La editorial, con domicilio entre Luna y Sol, es Aventis.

domingo 8 de febrero de 2009

Ratos que pesan una vida




El cuento corto reina sobre la síntesis. La síntesis no busca decir menos con unas pocas palabras, sino decir más con esas mismas palabras. Por tal brevedad, debe perdonársele al cuento corto su tendencia a la infinitud.
Pedro Antonio Valdez

A las líneas que sirven de epígrafe a este rato, Pedro Antonio Valdez, concluye diciendo que “El cuento corto en la narrativa es, como el haikú en la versificación, el camino más próximo al silencio”. Y este libro, como lee uno de sus relatos, está plagado por “una procesión de silencios”: la memoria (El maquinista, Aquella lluvia), el deseo (La plaza, Vocación), la pérdida (La cartero, ¡Niños, no salgan a jugar!), la desposesión (La casa y la lluvia, Abuela), la soledad (Lunes, El té), el tiempo (Elena, Pobrezas), e incluso, la misma palabra que “aun no [se] conoce” (La poeta, Breve instrucción…) y el entrecruce o cúmulo de todos ellos (Fin de estación). Silencios porque estos son ratos que, más que decir, evocan vidas que parecen tender a la infinitud. Y justamente a raíz del Primer Certamen Interuniversitario de la UPR, donde la microliteratura resultó ser la modalidad ganadora tanto en cuento como poesía, una interesante discusión se originó al respecto a través de los medios electrónicos.

La misma se da como reacción al comentario de que la literatura minimalista no es más que un signo de vagancia literaria, falta de motivación, de práctica y de dominio. A tal sazón, el minimalismo literario aparecería como literatura fácil y de poco compromiso con el oficio escritural, cuando no, como arte-facto o chuchería de rápido envejecimiento en tiempos que la moda parece ser denominador común en las diferentes expresiones del quehacer humano de la más reciente modernidad. Pero nada más errado al respecto. El minimalismo en la literatura, a diferencia de las artes plásticas, data de tradiciones milenarias entre las que se encuentran la fábula, la parábola, los haikús, el aforismo, el koán zen, los relatos sufíes y las tradiciones hasídicas entre otras. No empece, adjudicarle vagancia o pereza al minimalismo, es algo del todo equivocado salvo que, por justicia, habría que colgarle tal etiqueta a toda la literatura. En Lector in Tabula, según Humberto Eco:

"un texto es un mecanismo perezoso (o económico) que vive de la plusvalía de sentido que el destinatario introduce en él y sólo en casos de extrema preocupación didáctica o de extrema represión el texto se complica con redundancias y especificaciones ulteriores".

Esa pereza o economía del texto, inseparable de la plusvalía de sentido, es precisamente lo que en El placer del texto, Roland Barthes identifica como cuerpo erótico del texto. Por otra parte, el escritor y crítico literario Armando José Sequera, en un artículo para El Nacional de Caracas, publicado el 25 de marzo de 1990 bajo el título Apuntes sobre el minicuento en Venezuela explica que:

"los detractores del minicuento achacan su cultivo a pereza de los autores, porque ignoran que un buen minicuento amerita tanta destreza literaria como un buen poema o una narración más extensa".

Esa plusvalía de sentido que apunta Eco, aunque común a toda literatura, no necesariamente es gratuita. Lograr tal condición en un texto debería ser, por obligación, una de las metas ineludibles de cualquier escritor. No sólo la economía verbal asegura el feliz término de un microcuento por lo que adjudicar destreza o no de oficio por lo modesto de su factura no sería correcto. Como aduce Sequera, “un buen minicuento amerita tanta destreza literaria como un buen poema o una narración más extensa”. Es esto lo que, con Breve instrucción para escribir un microcuento, Ibarra plantea al cierre de sus ratos. El mismo termina diciendo:

"Escriba, escriba y hable de una estrella y un pajarito. Haga que vuele la estrella y brille el pajarito".

Parecería cosa fácil hablar de una estrella y de un pajarito, o como decía Vicente Huidobro, más que decir la rosa, hacerla florecer en el poema, pero a lo que aspira la buena literatura es a hacer que la estrella vuele y que el pajarito brille. Alba Omil y Raúl Pierola en el ensayo Enrique Anderson Imbert y el minicuento llegan a la conclusión de que además de la economía verbal es necesario “rigor de selección [...] en el plano semántico”. Si por una parte es el destinatario quien introduce al texto la plusvalía de sentido, por otra, es responsabilidad de la destreza en el oficio la selección de aquellos detonadores semiológicos que den al lector un producto que lo seduzca, que lo convenza de que le necesita o como dijera Barthes, “El texto que usted escribe debe probarme que me desea”.

Para concluir, Omil y Periola añaden que:

"El buen artesano de un minicuento se preocupa de elaborar (y esta palabra no está puesta al acaso) la materia de manera que cada término pueda ser computable en peso oro".

El mejor ejemplo lo tenemos en el relato La plaza. No sólo el texto es uno logrado en cuanto a economía verbal. En el mismo, tanto la carencia del otro como el deseo que lo evoca, terminan dándole materialidad a ese deseo en forma de una paloma que ahora “extraña al viejo que [antes] la soñaba”. Y si, según Valdez, se trata de “decir más con esas mismas palabras”, con esto Ibarra incluso plantea, metatextualmente, el aspecto teórico de cómo opera esa simbiosis perfecta bajo la cual el texto y el lector se hacen cómplices para completarse el uno en el otro.Regresando a Omil y Periola, si por un lado lo “computable” trata de la cantidad, por otro, el “peso oro” refiere a la calidad. En fin, sin temor a equivocación, y parafraseando lo antes dicho, se puede concluir que Christian Ibarra con este libro se toma el cuidado de elaborar un texto en el que, como se lee en el relato Dato curioso, “millones se cotizan en segundos” para que cada rato pueda tener el valor y peso de toda una vida.

miércoles 21 de enero de 2009

La mala educación del Copista Calisténico

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Foto de: Ruben J.M. Ramos © 2008.

Tomado de: Legión Miope
Enero 19, 2009 por elmiopemayor

Por Francisco Font Acevedo

Casquillos (Aventis, 2008) de J.D. Capiello-Ortiz, alias el Copista Calisténico, ejerció una doble seducción para el severo lector que habitualmente soy. Mi primera lectura, por fuerza superficial, desarmó la seriedad cetácea que generalmente asumo ante el discurso poético. Para mi desconcierto y gozo, aprecié el tono de desparpajo, su decir ocurrente y maleducado (sin pleitesías con nadie ni consigo mismo) y la fluida legibilidad de su discurso. Mi segunda lectura, más detenida y concienzuda, no pudo menos que admirarse de la inteligencia de su estructura y de la coherencia de su propuesta poética. Así gozo y aprecio intelectual se fundieron para trabar una grata y sustantiva experiencia de lectura. Esta razón me ha bastado para querer compartir algunos apuntes de lectura que, aunque el texto a continuación lo desdiga, tuvo un matiz primordialmente gastronómico.
Al que lea, buen provecho. Y al que abandone el texto, puede mirarse en el siguiente “Espejo”: “La arrogancia de unos / no es más que un reflejo al negativo / donde se proyectan las miserias / y el ego herido de otros” (pág. 55). Una cortesía del Copista Calisténico.

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En el prólogo de Casquillos, Federico Irizarry Natal señala con acierto que en su conjunto los textos de este poemario pueden leerse como “una suerte de bitácora de viaje”. El tropo del viaje, común en la poesía y la literatura en general, en Casquillos toma la forma de una bitácora integrada por textos cortos, tributarios de la poesía minimalista. Lo particular es que en ésta no se consigna el gesto de un hablante poético que busca fundar su voz y su experiencia, propio del diarismo o la poesía lírica. El viaje no es introspectivo, sino desenfadadamente extrovertido, a lo largo del cual el hablante poético denominado como el Copista Calisténico (CC), cual un bufón deslenguado, consigna su lectura, casi siempre burlona, de diversos textos culturales. Las escalas de este viaje transtextual son: el Parnaso de ciertas tradiciones literarias (la sección denominada “Homenajes”); la utilería poética y cultural (denominada “Gadgets”), y cierto mausoleo honorable (“A for Ismos”), donde se asumen paródicamente algunos metarrelatos culturales que sobreviven en la actualidad.
Estas tres escalas del viaje del CC están antecedidas por un prolegómeno titulado “Tríp(tico)” conformado por tres poemas. En éstos el hablante poético sintetiza lo que leo como un contrato de lectura que anuncia al lector los motivos medulares y más recurrentes en las siguientes etapas del viaje. En “[ ]oda a la crítica”, el CC, con ademán irrespetuoso, no canta a la crítica, sino que la infantiliza al recordarle los criterios caprichosos del gusto (“malo y feo”) aprendidos en la niñez. Con esto, como bien destaca Irizarry Natal, la oda se transmuta en joda y se desincentiva la pereza crítica que se arrima demasiado a las veleidades de un presunto “buen gusto”. En “Homo ludens”, el CC explicita su voluntad lúdica y, discursivamente, mediante la inversión de un dicho popular (ponerle el cascabel al gato), anuncia la intención carnavalesca de arrugar la almidonada gravedad adscrita a los discursos culturales. El último texto “Aforismo”, mediante el paralelismo del “a -” (”Normal, a - normal”) anuncia lo que prospectivamente será la culminación del texto, esto es, la diseminación paródica y entrópica de varias ideologías culturales y cualquier asomo de estética vanguardista. Leo, pues, los textos de “Tríp(tico)” como una metonimia del resto del poemario. Basta leerlos para cerrar el libro o para entusiasmarse a proseguir. Con esta degustación inicial, especie de aperitivo del buffet que le sigue, se previene al lector, sucesivamente, del desdén del CC por la honorabilidad que presuntamente otorga la crítica veleidosa, del tono lúdico que anima su viaje de lectura y del afán, bajo la máscara de bufón, de decir ”impropiedades” sobre varios discursos culturales anquilosados.

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“Homenajes”, la segunda sección de Casquillos, está construido como un diálogo con varias tradiciones literarias. El lector puede dar por seguro que no hallará en estos homenajes placas conmemorativas ni arreglos florales. Decididamente intertextual, la estrategia del CC es la del saqueador impune. Los textos están animados por el juego, el chiste bufo, muchas veces la pulla alevosa. Baste como ejemplo, para quienes conocen el ícono riopedrense del Che Meléndez y su consabido antiacademicismo, el texto “The(saurus) Rex”: “¡Che! / Qué chiquita / te queda la academia” (pág. 24). O esta desaturación etílica del gravoso Vallejo de “Los heraldos negros” titulado “Black Labels”: “Hay lunes en la vida, tan fuertes… / Yo no sé” (pág. 25). Sin eludir la autoparodia, el CC rinde otros sabrosos y equívocos homenajes a sus partners in crime (los escritores surgidos de la revista El Sótano 00931), así como a las figuras de Iván Silén, Nicanor Parra, Vicente Huidobro, Luis Palés Matos, Kobayashi Issa, José Luis González, entre otros. De esta forma, el CC produce una relectura desoxidada de las diversas tradiciones representadas por éstos y, hasta cierto punto, anuncia el fin de su aprendizaje poético. Esto último lo leo particularmente en los micropoemas “Selección Múltiple” y “Selección Múltiple II”, en los cuales el texto adopta la estructura de ese ejercicio de examen y el hablante poético, invariablemente, selecciona “todas las anteriores”.

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En “Gadgets” el CC apunta y dispara su verbo contra la utilería literaria que activa los resortes del sistema literario y el contexto cultural en que se produce. Como en “Homenajes”, domina un tono desenfadado. Sin melindres, lo mismo subraya el carácter mercantil del libro –“aquí sólo vendemos literatura / el prestigio / se lo dejamos a la academia” (pág. 35)– que ridiculiza la intelectualidad académica como un hallazgo arqueológico en “Carbono 14”. En esta parte se discierne, además, un gusto por desarticular nociones neorrománticas de la poesía mediante la interposición de imágenes prosaicas. De ahí que la poesía sea una “rasuradora eléctrica / de quien intenta cortarse las venas” (pág. 36) o que, en respuesta a los versos líricos de Julio César Pol (“Tus senos son la poesía / todo lo demás es cuento”), sugiera explorar “las posibilidades / de ponernos prosaicos” (pág. 50), versos que se leen como burdo convite erótico y resignificación del poema lírico como artefacto antipoético. Cónsono con este “despropósito”, el CC disemina un puñado de textos donde revela una actitud escéptica hacia el amor (como crianza de cuervos en “Te sacarán los ojos”, pág. 44) que se cristaliza en cinismo erótico, como en el poema “Vitae Mortem Ludens”: “Por ti muero / en ti me entierro / para ti… / todo un sementerio” (pág. 46). Así el discurso intimista, propio de la lírica, se desarticula y deviene artificio lúdico en manos del hablante poético, cuya subjetividad es una especie de trompe d’oeil de cartón piedra, el escenario para activar un maleducado decir ventrílocuo. Si, como indica en el poema “¡Pst…! ¡Poetas!” las alternativas son “ser un pequeño dios” a lo Huidobro “o un grandísimo demonio” que todo lo subvierte, ya sabemos que el CC no anda armado con un revólver, como sugiere el título Casquillos, sino con un tridente.

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“A for Ismos”, la última sección del poemario, constituye el destino último del viaje de lectura del CC. Habiendo pasado por los homenajes paródicos y la desacralización antipoética de la literatura, el arte y sus mecanismos de significación, el CC apunta su tridente hacia las ruinas de ciertas vanguardias culturales e ideológicas. Materialismo histórico, feminismo, posmodernismo, capitalismo, idealismo, todo lo que huela a solemnidad y grandilocuencia es desflecado por el travestismo jodedor del hablante poético. Ningún muñeco queda con cabeza, ni siquiera el mismo CC. Así lo leo en “MinimalIsmo”, donde parodia su propio discurso e ironiza sobre el posible destino de Casquillos: “Un texto / que es tan pequeño / que cabe en cualquier zafacón” (pág. 73). Es justamente en esta última sección donde muestra con mayor claridad su ars poética: “Un gatillero no es / quien deja casquillos sobre el suelo, / sino quien entiende / que sólo se aprieta el gatillo” (pág. 74). En esta metáfora del poeta como gatillero, el CC hace patente que la poesía, como todo texto literario, es en realidad una coproducción de significados en connivencia con el lector. El poeta dispara y el lector traza y significa la dirección del proyectil. Pero incluso este tácito contrato de todo texto se subvierte con el final abierto del libro: una invitación al lector a escribir sus propios “casquillos”. Si se acepta o no esta invitación, en el libro quedará el resto de los casquillos como evidencia de una conspiración significante.

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Al óxido tradicionalmente solemne del discurso poético, Casquillos opone el valor lúdico como instrumento crítico de la poesía. Invita a una relectura desinhibida de la tradición, un saqueo de ésta, como si el hablante poético -y por extensión, el lector- fueran depredadores dispuestos a comer con las manos (sin modales ni modelos autoritarios) del buffet de la literatura y sus irradiaciones culturales. Esto se logra mediante el uso guiñolesco del hablante poético, el Copista Calisténico, cuya creación tuvo origen en la bitácora Aventis (http://www.aventispr.blogspot.com/). Se trata de un ventrílocuo poético cuya “voz” quisquillosa, jodedora, a un tiempo paródica y autoparódica, desata una cruzada gatillera contra la seriedad y las convenciones artísticas que agravan y almidonan la poesía, la literatura y el quehacer cultural en general. De ahí que lea al Copista Calisténico como un exquisito bufón que hace de la apropiación textual (su dimensión de copista) un juego para regurgitar, como “estudiante” maleducado, un deportivo (y calisténico) itinerario deconstructivo. Casquillos, la cristalización de este gesto, consolida contundentemente un decir poético desalmidonado, desinhibido y gozoso. Así, J.D. Capiello-Ortiz (sin la oprobiosa tachadura en la portada del libro) logra que la poesía como arma o el poema como casquillo, aun en su oquedad, siga haciendo fuego.
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